Una ayudita desde el cielo
Mi abuelo por parte materna murió cuando yo tenía cuatro años, el Zeide Buchi que así lo llamábamos, me ha acompañado toda la vida. Lo conocí a través de los ojos de mi madre, y era tal la admiración que ella tenía por su padre que logró transformarlo en una especie de superhéroe.
El Zeide Buchi era lo máximo que cualquier ser humano podría llegar, era la persona más justa del mundo, era el mejor medico (casi comparable a Maimonides), era la persona más graciosa (le daba tres vueltas, a Olmedo, el Gordo Porcel y los Tres Chiflados) y hasta tenia poderes mágicos, podía con sólo mirar descubrir las enfermedades de sus pacientes.
Mi abuelo se convirtió para nosotros, los hermanos Singer, en una especie de santo, siempre teníamos alguna foto de el en nuestras billeteras y era una especie de “gran hermano” que todo el tiempo nos estaba mirando. Si nos peleábamos, nuestra madre nos recordaba que el Zeide Buchi nos estaba observando de allá arriba y estaría muy decepcionado de ver a los tres hermanos pelear (cuando esto sucedía nos hacia repetir la famosa frase del Martín Fierro “los hermanos sean unidos...”), de lo contrario cuando hacíamos un acto de bien el mejor premio que podíamos recibir era la frase “el Zeide Buchi estaría orgulloso de vos” .
Este abuelo era para mi el intermediado entre yo y D’s, todos mis pedidos eran dirigidos a él con la esperanza que él tenga algún arreglo con el poderoso. En mi cabeza él podía cambiar todas las desgracias que tenia mi vida. Si venia un perro y tenia miedo le rogaba a mi zeide Buhi que me protegiera, si tenía un examen y no había estudiado era obvio que mi abuelo desde allá arriba me tenía que pasar las respuestas, cuando me peleaba con mis padres esperaba su intervención divina para que nos reconciliáramos.
Mi abuelo asumió una especie de idealización anormal, cada cumpleaños además de pensar que ya era un poco más grande (y que tenía mas chances de salvarme de los Nazis) también al soplar las velitas de la torta pedía siempre un mismo deseo, que venga el Mashiaj (Mesias). Mi deseo tenía una trampa, había escuchado de alguna maestra de la escuela que según la tradición judía si venia el Meshiaj (Mesias) los muertos volverían a revivir, en realidad no me importaba tanto que venga el Meshiaj, sino que era muuuucho mejor que eso.
La idea que mi abuelo vuelva a vivir podría cambiarlo todo, era mucho mejor que pedir “quiero ser feliz”, si mi abuelo volvería a vivir, no sólo yo sería feliz en felicidad máxima sino toda la gene de familia. Era como decir, deseo que todos lo que me rodean sean felices.
Pero en esta vida nada es para siempre, siempre hay alguien en este mundo que te cuenta quienes son los Reyes Magos, el Ratón Pérez y que Eliau Ha’nabi no se toma el vino de pesaj (sino que mueven la mesa), llegó el día que mi ilusión estalló en mil pedazos. Ese fue el día que a los once anos de edad me comunicaron que mi abuela salía con un “señor”.
En mi inocencia o sabiduría pregunté que pasaba si vendría el Meshiaj y el Zeide Buchi vería a mi abuela con "otro", pero no recibí ninguna respuesta inteligente por parte de la gente mayor, sino de lo contrario puras carcajadas.
Eran años y años de haber pedido el mismo deseo, cada estrella fugaz, cada pestaña caída, cada panadero, no servían de nada si mi abuelo al volver de la eternidad encontraría a mi abuela con “otro”, con aquel “señor” ocupando su lugar. En mi interior sabía que era lo mejor que le podía suceder a mi abuela, pero a pesar de tener esa certeza no podía evitar estar triste.
Para mi suerte encontré una solución inteligente para el dilema, una solución que a todos nos favorecería. Mi abuela podría continuar con su nuevo compañero en Argentina, y mi Zeide Buchi vendría a vivir con nosotros a Uruguay (el Zeide Buchi era una persona comprensiva y entendería que mi abuela no le hizo ningún mal, sino que la circunstancias se dieron de aquella manera)
Los años pasaron, del Meshiaj ni rastro, el Zeide Buchi me sigue acompañando cada día y lo que es más increíble aún mi deseo sigue siendo el mismo. Cuando se apaga la luz y todos me cantan el feliz cumpleaños el deseo se me escapa sólo y nada puedo hacer para atraparlo.