La cicuta que viene con cada noticia
Me levanto de mañana y prendo las noticias, entro a intenet y leo las noticias, cada hora prendo la radio, cada segundo libre veo las T.V. Así está todo Israel.
Están todos reclutados, todos mis compañeros de clase, todos los esposos de mis compañeras de trabajo, todos los hermanos de mis amigas, todos. Están todos reclutados y cada vez mueren más y más en esta guerra de mierda.
Me estoy preparando psicológicamente no falta mucho para que alguna cara de mi paisaje muera, me estoy preparando para lo inevitable. Hoy murieron 15 “soldados”, mi gente, todavía no se los nombres.
Todos los días es un dolor, esto no termina y no termina. Me duele el corazón, no se que hacer. El tiempo se hace pegajoso, están todos incómodos, están todos todos impacientes, tristes, todos saben que esta guerra es un pozo que no va a ser fácil salir.
Estoy cansada, estoy cansada de leer los nombres de la gente que muere, estoy cansada de pedir y re pedir que esto pare. Es un duelo que ya tiene treinta días, es un duelo de un mes. Nos damos fuerza entre todos, pero ya no hay fuerza que alcance.
Escribo esto 7:41 de la mañana una hora antes de mi examen, no me importa, todo queda ridículo a la noticia de hoy, todo es realmente insignificantes a las muertes que cada desayuno aparecen como un trago amargo.
La vida continua, pero no continua igual. Estoy comenzando a sentir sensaciones que nunca antes había experimentado; la palabra guerra era para mi hasta hace treinta días un término de los libros de historia, hoy día es una palabra cotidiana que me acompaña en cada momento.